sábado, 2 de enero de 2016
La llegada al aula
Cuando entro al aula noto el buen ambiente que se respira en ella.
Entro llena de motivación por enseñar lo que sé, aquello que necesitan los alumnos y alumnas que tengo frente a mí para desenvolverse en un entorno extranjero. Ahora bien ,esa motivación por enseñar dirige su esfuerzo primero a reflexionar sobre la práctica docente. Mucho es lo que quiere compartir un profesor/a pero, ¿ cómo enseñarlo con eficacia y cercanía? Es decir, no basta tener objetivos que cumplir que fueron diseñados para cubrir el aprendizaje de una serie de habilidades relacionadas con el lenguaje, sino que también hay que tener en cuenta los intereses del grupo, la capacidad y ritmos de aprendizaje del mismo y los objetivos comunes que se han marcado en el propio grupo. Por eso, la motivación se vería como un elemento más del éxito en la interacción pero influyen otros factores también decisivos que hay que tener en cuenta si no queremos vernos en clase hablando y riendo uno solo mientras los alumnos no entienden el tema o no les interesa.
Entonces tenemos que el dedicar cierto tiempo a buscar material adecuado , tratar las particularidades del grupo, ya sea por la diversidad de los miembros del grupo , atendiendo a edades o mezclas raciales, o por el hecho de que hayan diferentes ritmos de aprendizaje de un mismo nivel. También veo positivo el informar y debatir mediante acuerdo mutuo de la programación que se va a llevar a cabo a la vez que concretar el tipo de actividades que se van a realizar. Así ,los estudiantes pueden participar , eligiendo métodos, temas de conversación, etc. Este intercambio puede ser el caracterizador de una relación deseable entre alumno y maestro y es el olor del fruto que finalmente se percibe al entrar al aula.
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